El agua del
Llobregat está cada vez más salinizada
La cuenca registra
contaminación por cloruros muy por encima del nivel recomendado
ENRIC BADIA ?-? Manresa
EL PAÍS - 29-11-2004
La calidad del agua del río Llobregat es preocupante. La Generalitat ha visto
crecer los problemas de salinidad de uno de los principales abastecedores de
agua de boca del área metropolitana de Barcelona "en los dos últimos
años", explica Gabriel Borràs, de la Agencia Catalana del Agua. En 2000,
la Administración catalana invirtió más de seis millones de euros para desviar el
río Cardener y evitar que la contaminación que llevaba este afluente llegara al
Llobregat. El Cardener ha mejorado, pero la situación hoy es peor, ya que las
filtraciones de la montaña de residuos de Sallent salinizan el Llobregat cada
día con más intensidad.
Las plantas de potabilización del Llobregat tienen auténticos problemas para
distribuir el agua. A menudo, admite la Agencia Catalana del Agua (ACA), la
planta de Abrera debe rebajar el agua del Llobregat con la del Ter para poder
servirla a Barcelona. Gabriel Borràs, de la ACA, explica que en la planta de
Aguas Ter Llobregat de Abrera se registran a menudo elevados índices de
conductividad (parámetro que mide el nivel de cloruros en agua), que se sitúan
por encima de los 1.400 microsiemens, lo que impide distribuir esa agua por la
red pública, ya que estos valores deben ser inferiores a 800 microsiemens.
Si el agua del Llobregat supera estos valores, la planta de Abrera se abastece
del agua del Ter. De hecho, el 40% del agua que se capta del Ter (230
hectómetros cúbicos anuales) va a Barcelona. "El problema está en estos
momentos en las montañas de residuos" de Sallent, según Borràs. Medio
Ambiente quiere implicar a la empresa minera que los ha generado en la búsqueda
de soluciones.
En su momento, el problema del agua del Llobregat se resolvió con la
instalación de depuradoras en municipios y empresas. Pero ahora queda por
solucionar la elevada conductividad, debida a la alta presencia de cloruros y
de nitratos, entre otros productos, aunque los principales aportes proceden de
los residuos de la minería.
Un nuevo emisor salino, descubierto en Sallent por grupos ecologistas a
principios de noviembre, aporta al Llobregat más de 100 toneladas diarias de
cloruros, en una filtración de agua salada de concentración 20 veces superior a
la del mar. Esta aportación, fundamentalmente de cloruro sódico, contiene
también un pequeño porcentaje de cloruro potásico, lo que determina que su
origen sea la escombrera del Cogulló, una montaña blanca artificial, visible
desde toda la comarca, que acumula 35.000.000 toneladas de sal, el desecho de
potasa que se saca del subsuelo. El Departamento de Medio Ambiente tiene
intención de destinar fondos europeos a la búsqueda de una solución para
paralizar un proceso de contaminación que va a más. Tener agua de calidad para
aprovechar mejor los recursos propios es la única alternativa una vez rechazada
la política de buscar trasvases, ya sea del Ebro o del Ródano.
En Medio Ambiente hay preocupación desde el eslabón más alto del organigrama.
El consejero Salvador Milà visitó la zona de conflicto en dos ocasiones durante
el pasado verano para analizar los problemas que causa la minería de la potasa,
fundamentalmente la contaminación de aguas subterráneas y superficiales, y los
hundimientos del suelo perforado por galerías.
Pero los problemas de calidad del agua del Llobregat no se centran sólo en
Abrera o en Sant Joan Despí. En la misma comarca del Bages se suceden los
conflictos. En Sallent, el Ayuntamiento asumió la construcción de una planta
potabilizadora en el 2002 porque los pozos, tradicional abastecimiento de la
población, se salinizaron. En Sant Vicenç de Castellet se han disparado los
valores de salinidad en las últimas semanas, hasta situarse por encima del
valor límite de potabilidad (250 miligramos de cloruro por litro), según ha
denunciado la plataforma Montsalat a partir de resultados de análisis propios.
Iberpotash, empresa de capital israelí propietaria de las minas de Sallent y
Súria, se halla en una fase expansiva de arranque de mineral. De las galerías
de Sallent salieron el año pasado 3.800.000 toneladas de mineral, del que sólo
se aprovecharon unos 800.000 toneladas para ser comercializadas como potasa. El resto, casi en su
totalidad, se deposita en un inmenso vertedero, a un ritmo de 3.000.000
toneladas anuales. Los efectos de esta montaña artificial han sido la
contaminación progresiva de las aguas subterráneas y superficiales.
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